Título: Llámalo deseo
Autor: José Luis Rodríguez del Corral
Editorial: TusQuets editores
Colección: La sonrisa vertical
"Novela polifónica, estructurada en torno a cuatro personajes con visiones distintas del erotismo, Llámalo deseo narra de manera encadenada y progresiva el paso de una sexualidad íntima, regida por códigos muy personales, a un erotismo que sólo alcanza su plenitud cuando se comparte con el Otro o con los Otros. Y lo hace con un lenguaje lleno de imágenes sugerentes y de resonancias eróticas."
Llámalo deseo es un libro que me hizo sentir, desear y experimentar. Mientras lo leía me excitaba sobremanera la idea de poder ser sumisa de un Ama, o sumisa compartida de un Amo, eso era lo que pensaba, que deseaba estar con otra mujer. Compartir una sesión, saber qué sentía Belén al verse sometida de esa forma, porque Belén buscaba nuevas sensaciones, nuevas emociones, y hacer realidad todas sus fantasías. Buscó y encontró cómo y con quién hacerlas, una mujer valiente, atrevida, y deseosa de ofrecer a su marido el placer que tanto ansiaba.
La lectura de este libro es muy amena, sientes ganas de seguir leyendo, me ha parecido muy apasionante, atrevida, fresca..... es un libro recomendable, un amigo me lo prestó y le agradecí mucho que lo hiciera, disfruté de la lectura y de la aventura.
"Claudia trae en la mano una delgada fusta de paseo, cuyo ancho remate parece una lengua de cuero, y en la otra a Belén, cegada, con una pluma negra y sedosa enhiesta sobre el pelo, inclinada hacia delante con las dos manos sobre la suya, aferrándose a su único asidero en la tiniebla, completamente a su merced. Una certera imagen de desvalimiento y entrega, más efectiva, por menos tópica, que si la llevara atraillada como un animal. Es conmovedor. Claudia sonríe burlona y soberbia, segura de su dominio sobre la situación, sobre la dócil Belén, sobre la creciente erección de un estupefacto Luis que las mira sin acertar a decir una palabra. Se detiene en el centro del cuarto, pero hace avanzar a su prisionera unos pasos para dejarla sola frente a él. Después la abraza por detrás, apoyando la barbilla en su hombro para observar a su marido, mientras toca con una mano los pechos y el vientre expuestos, la cara, y acaricia los ojos bajo el antifaz, la nariz, los labios, entre los que introduce el dedo corazón, que Belén chupa como una niña un helado.
-Las manos a la espalda-. En el asombrado silencio la voz de Claudia suena calmada, sin énfasis, pero con irresistible autoridad. -No, así no. Tocándote los codos. Así-. De ese modo Belén endereza la espalda, levanta los pechos. Le pone la fusta bajo la barbilla, alzando también su cara. -Ésta es Belén, mi amiga, mi esclava por esta noche. Mía, no tuya, aunque puedo compartirla contigo-. Lo mira pícara, segura de su excitación, con la sartén por el mango."
